La Presidenta de México llevó una visión de esperanza a la IV Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona, proponiendo un programa de reforestación de escala mundial. La idea central es tomar el 10 por ciento de lo que el mundo gasta en armamento para financiar la recuperación de suelos y bosques. Esta acción sencilla pero poderosa, busca que las Naciones Unidas adopten una política de “sembrar vida” en regiones afectadas por la crisis climática.
La agenda de paz de la mandataria incluyó una petición directa para proteger a Cuba de intervenciones militares. Exhortó a los países a favorecer el diálogo sobre las armas, manteniendo la solución pacífica de controversias como eje central. Según la Presidenta, solo mediante el respeto a la diversidad de naciones y lenguas se podrá construir un futuro donde todos tengan un espacio digno.
Desde el recinto Fira Barcelona Gran Via, la Presidenta enfatizó que México es una nación que ama la justicia y la fraternidad. Resaltó que la democracia no debe significar indiferencia, sino participación activa y exclusión del odio. Su discurso vinculó los ideales de libertad de Miguel Hidalgo con las políticas actuales de justicia social, enviando un mensaje de unidad y respeto internacional.
La comitiva presidencial, que incluyó a la secretaria Alicia Bárcena y al canciller Roberto Velasco, reforzó la idea de que México es un referente en derechos humanos y cooperación para el desarrollo. La Presidenta destacó que, al ser la primera mujer en liderar su país, representa un cambio profundo en la historia de México, rompiendo con el machismo tradicional y abrazando el legado de mujeres ilustres.
Finalmente, se anunció la postulación de México como sede para la Cumbre en 2027. La Presidenta desea que el país sea el punto de encuentro para debatir sobre una economía que responda a los pueblos. Esta propuesta de sede subraya el interés de México por desempeñar un papel protagonista en la construcción de un sistema democrático global más humano y equitativo.
