Mañana debemos poner especial atención en los niños y los adultos mayores, quienes son más sensibles a los cambios bruscos de temperatura. Con máximas de hasta 36 °C en algunas zonas y una sensación térmica general de 44 °C, el riesgo de deshidratación es elevado. Las mínimas de 22 °C a 25 °C ofrecen un respiro que debemos aprovechar para ventilar bien las habitaciones.
Es vital asegurar que los más pequeños y los ancianos estén bebiendo agua constantemente. A veces ellos no piden agua o no sienten la necesidad de hidratarse hasta que ya es tarde. Ofrecerles frutas frescas como sandía, naranja o pepino es una excelente estrategia para mantener sus niveles de líquidos estables de forma natural.
Durante las horas centrales del día, lo mejor es que permanezcan en lugares frescos y a la sombra. Evitar la exposición prolongada al sol es la regla de oro para mañana, especialmente cuando la radiación UV estará en niveles de 8 a 10. Si tienen que salir, asegúrate de que usen ropa ligera, holgada y de colores claros.
No olvides la protección física: un buen sombrero y, de ser posible, lentes de sol. También es muy importante aplicarles bloqueador solar FPS 30 en las áreas de piel expuestas, ya que su piel suele ser más delicada. Las quemaduras solares a estas edades pueden ser muy dolorosas y complicadas de tratar.
Por último, mantén los ambientes de la casa frescos. Si hay potencial de lluvia en tu zona por la tarde (como en el este y sureste), aprovecha la posible bajada de temperatura, pero cierra las ventanas si la humedad sube demasiado. Vigila cualquier signo de fatiga, piel roja o mareos, y actúa rápido refrescando a la persona y ofreciéndole agua.
